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uz María Abonce llegó a San José hace más de 15 años. A lo largo del tiempo, ha asistido a graduaciones, quinceañeras y talleres, formando nuevas amistades por todo el este de la ciudad. Ahora, durante la pandemia, puede ver de nuevo a muchas de estas amistades, cuando ella toca sus puertas.
“Salimos a tocar las puertas con muchas ganas, tocamos, a veces nos abren, a veces no nos abren, pero allí estamos ofreciendo nuestros servicios los cuales son las pruebas de COVID-19”, dijo Abonce.
Ella es una promotora, una trabajadora de salud comunitaria que trabaja con META (Mujeres Emprendedoras Tomando Acción) y SOMOS Mayfair, dos organizaciones sin fines de lucro que colaboran con el departamento de salud pública del condado de Santa Clara.
“Las promotoras son líderes confiables en la comunidad”, afirmó Analilia García, gerente de equidad racial y de salud del condado de Santa Clara. “Ellos tienen la confianza y las conexiones que nosotros como condado no tenemos”, dijo.
Los latinos representan el 51% de los casos de coronavirus en el condado de Santa Clara, pese a que tan sólo forman el 25.8% de la población de esa región. Algunos de los códigos postales que reportan los índices de infecciones más altos en el condado se encuentran en el este de San José y Gilroy, zonas mayormente latinas.
Según datos del condado publicados el 19 de febrero, 249 mil 442 residentes del condado de Santa Clara han recibido al menos una dosis de la vacuna. Alrededor del 20% de este grupo son latinos, una cifra por debajo del porcentaje de latinos que han sido contagiados o han muerto a causa de complicaciones relacionadas al COVID-19.
Las autoridades de salud han expandido los centros de pruebas y sitios de vacunaciones en estas áreas, cerca de lugares del vecindario muy conocidos como La Placita Tropicana y la Plaza de la herencia mexicana en el este de San José y el centro para adultos mayores en Gilroy.
Pero el condado reconoce que la apertura de un nuevo plantel no siempre resulta en que más residentes de ese vecindario se puedan vacunar o hacer la prueba de COVID-19.
“Para algunos, puede ser una brecha digital. Para otros, puede ser una cuestión de tiempo por los horarios del trabajo o quizás no se sientan cómodos al ir al sitio”, explicó García.
El programa de las promotoras cierra esa brecha, algo que métodos más tradicionales de salud pública no pueden hacer.

García señala que las promotoras forman conexiones profundas con las familias que conocen, algo que en cambio no siempre ocurre en el portal electrónico para agendar una prueba de coronavirus. A menudo, las promotoras logran convencer a familias enteras que se hagan la prueba. Una de esas familias era la de Janet Franco Orona, residente del este de San José. Ella vive con su marido, suegra e hijo de 1 año.
Aunque ya se ha hecho la prueba antes, Franco Orona se siente un poco nerviosa de llevar a su suegra, quien es una persona de la tercera edad, a uno de los centros de pruebas públicos. “¿Habrá mucha gente contagiada? ¿Nos van a cobrar? Todo esto nos preocupa cuando estamos planeado salir de la casa”, dijo ella.
Pero la promotora que tocó su puerta resultó ser una vieja amiga y ex vecina de su suegra.
“Cuando la comunidad une todos sus esfuerzos, siempre vamos a abrir la puerta a uno de los nuestros”, dijo Franco Orona.
Junto con Abonce, otras ocho promotoras van puerta por puerta en el este de San José. A cada residente se les ofrece la oportunidad de hacerse la prueba de COVID-19 sin que se tengan que salir de sus hogares. Las promotoras llevan consigo equipos de pruebas y son los habitantes que usan los hisopos para recolectar las muestras.
Mientras que los residentes se hacen la prueba, ella les responde cualquier pregunta que tengan. Muchos quieren saber sobre las nuevas cepas del virus o qué puede hacer el condado si
es que ellos dan positivo. Pero cada vez recibe más preguntas sobre la vacuna contra COVID-19.
“Hemos escuchado muchísimas cosas que a veces decimos, ‘wow, ¡cómo inventan!'”, ella explicó. “Nos dicen, ‘yo no me voy a vacunar, porque la sacaron bien rápido’, ‘porque me dijeron que sólo le están poniendo pura agua’, otros dicen que le están poniendo un chip a la vacuna”, dijo Abonce.

“Me voy a vacunar pero no confío en la vacuna”: En donde la historia choca con los miedos
Incluso antes de que la Administración de medicamentos y alimentos (o FDA por sus siglas en inglés) aprobara una vacuna contra coronavirus para usos de emergencia, activistas en favor de la equidad en la salud pública aconsejaban a las autoridades estatales que se modificara la estrategia para distribuir las vacunas.
Según estos grupos, cualquier plan de distribución debería tomar en cuenta el impacto inmediato que ha tenido la pandemia en las comunidades de color California y también las lecciones aprendidas de los esfuerzos para realizar pruebas dentro de estas poblaciones.
En California, ya se han otorgado 9 millones de vacunas y tan sólo 2.9% de quienes han sido vacunados se consideran afroamericanos pese a que este grupo conforma el 6.2% de las muertes por coronavirus en el estado. Los latinos representan el 46.2% de las muertes relacionadas al COVID-19 en California pero sólo han recibido el 16% de las inmunizaciones.


