Sponsor MessageBecome a KQED sponsor
upper waypoint

Conozca el llamado "hongo de la muerte" que ha envenenado a docenas de personas en California

Save ArticleSave Article
Failed to save article

Please try again

Setas venenosas junto a un sendero durante una excursión educativa para recolectar setas en el Parque Regional Anthony Chabot, en Oakland, el 12 de diciembre de 2025. La recolección de setas no está permitida en el parque. Las autoridades sanitarias de California advirtieron a la población que dejara de recolectarlas después de que 24 personas enfermaron. Dos necesitaron un trasplante de hígado y una falleció. (Beth LaBerge/KQED)

Read in English

Tras las primeras lluvias del año, hace dos diciembres, Noé y sus hermanos salieron de excursión a las colinas de Santa Rosa, donde encontraron hongos silvestres. Esa noche los frieron y los acompañaron con unas cervezas

En lugar de dormir, pasaron la noche mareados, vomitando y luchando contra una diarrea intensa. Los calambres retorcían el estómago de Noé como un trapo mojado.

Sponsored

Al día siguiente, ya en el hospital, los médicos le dijeron que necesitaba con urgencia un trasplante de hígado. Si no encontraban un donante en una semana, moriría. Tenía 36 años.

“Me asusté al pensar que quizá no volvería a ver a mi familia”, dijo Noé.

Él y su equipo médico pidieron a KQED que no usara su apellido por preocupación por su salud y seguridad. “Los hongos de aquí se ven igual que los que solíamos comer en México, pero no eran lo mismo.”

Este otoño, las temperaturas cálidas y las lluvias tempranas han provocado, según los micólogos, una “superfloración” de setas venenosas conocidas como el “hongo de la muerte”, en California. Más de 30 personas ya se enfermaron, tres necestaron un trasplante de hígado y otras tres han fallecido. Según expertos de salud pública, esto representa el mayor brote de intoxicaciones por hongos en al menos tres décadas y por esa razón, funcionarios estatales están pidiendo a la población que deje de recolectar setas durante el resto de la temporada de lluvias.

“Estos casos suelen presentarse en comunidades inmigrantes que quizá no hablan inglés y tienen experiencia recolectando setas en otros países”, explica Craig Smollin, profesor de medicina de urgencias en el Centro Médico de la Universidad de California San Francisco (o UCSF por sus siglas en inglés) y director médico de la división de San Francisco del Sistema de Control de Envenenamientos de California. Según Smollin, los pacientes afectados por este brote proceden de México, Guatemala y China. “Es muy fácil confundir una seta venenosa con una comestible. Es un error muy fácil de cometer”.

Craig Smollin, profesor de emergencias médicas en el Centro Médico UCSF y director médico de la división de San Francisco del Sistema de Control de Envenenamientos de California, en el hospital general Zuckerberg de San Francisco, el 9 de diciembre de 2025. (Beth La Berge/KQED)

Sin embargo, los expertos y aficionados locales en setas se quejaron de que la recomendación general del estado de dejar de recolectarlas era demasiado amplia y podía provocar micofobia, un miedo irracional a los hongos. Cuando 14 personas enfermaron durante la última superfloración de la seta mortal en 2016, las autoridades sanitarias de California aconsejaron a la población que “actuara con precaución” al recolectar setas silvestres.

Pidieron a la gente que “tuviera cuidado” en 2012, después de que una cuidadora en una residencia para ancianos en Loomis sirviera sopa hecha con setas que había recolectado en el patio trasero, lo que provocó la muerte accidental de cuatro personas mayores.

Más en español

“Realmente creemos que es mejor informarse sobre estos seres milagrosos y sorprendentes que son las setas”, afirma Sita Davis, que organiza excursiones para recolectar setas durante la temporada de lluvias invernales en el norte de California y luego pasa la temporada de lluvias de verano viviendo y recolectando setas en México.

Para Davis, la recolección de setas es una especie de práctica espiritual, una forma de comunicarse con la naturaleza y deleitarse con la generosidad de la tierra. Ella recomienda aprender sobre una seta a la vez, “construyendo una relación” con ella poco a poco.

Una tarde de diciembre, en una ruta de senderismo en Oakland, dio la vuelta a unos troncos cubiertos de setas de cola de pavo, trepó por senderos laterales para acariciar un racimo de setas de cardo, olfateó el tallo de un agaricus y rascó la parte inferior esponjosa de un boleto, todo ello para demostrar los fundamentos de la identificación de setas, incluidas las venenosas.

“¿Bajo qué árbol crece? ¿Cómo huele? ¿Cuál es su textura? ¿De qué color es?”, preguntó. “Todas estas maravillosas preguntas sirven para averiguar si una seta es de las que quieres llevarte a casa o no”.

En la cima de la colina, bajo un extenso roble, Davis rebuscó entre un montón de hojas para descubrir una seta con un tallo blanco y delgado y un sombrero verde amarillento caído. Había todo un grupo de ellas cerca.

“Hemos encontrado algunas setas venenosas”, anunció, también conocidas como amanita phalloides.

Información colocada en la pared de las oficinas del Sistema de Control de Envenenamientos de California en el Hospital General Zuckerberg de San Francisco, con respecto al 9 de diciembre de 2025. (Beth La Berge/KQED)

Se parecen mucho a los Césares, un tipo de amanita comestible que crece en México, donde existe una profunda tradición cultural y culinaria de recolección de hongos, dijo Davis, especialmente entre comunidades indígenas. Uno de los grupos de casos de este otoño se concentró entre inmigrantes mixtecos del sur de México que ahora viven en el Valle de Salinas.

Puede que sean expertos en México, pero sus conocimientos no sirven aquí porque las especies son diferentes”, dijo Debbie Viess, cofundadora de la Bay Area Mycological Society.

En definitiva, según los expertos, nunca se debe comer una seta que no se pueda identificar con total certeza.

“Puede ser un error mortal”, dijo Davis.

Sita Davis holds a mushroom during an educational mushroom walk at Anthony Chabot Regional Park in Oakland on Dec. 12, 2025. Mushroom foraging is not allowed in the park. (Beth LaBerge/KQED)

Un error que las autoridades sanitarias, como el Dr. Smollin, quieren evitar a toda costa, sobre todo porque la intoxicación por hongos se diagnostica con facilidad de forma errónea: muchos médicos de urgencias la confunden con una gastroenteritis común, envían a los pacientes a casa demasiado pronto y pierden la oportunidad de frenar el avance de un daño hepático grave. Entre los afectados este otoño hubo una familia de siete personas, incluido un niño pequeño. Smollin mantiene su advertencia generalizada.

“Prefiero que la comunidad micológica se me eche encima por ser demasiado tajante y decir que no se debe recolectar, antes que ver a un niño de 19 meses de edad en lista de espera para un trasplante”, afirmó.

Tras su trasplante de hígado, Noé dijo que piensa lo mismo. Ya no come hongos silvestres, ni ningún tipo de hongo, en realidad.

“Con solo olerlos me mareo”, dijo.


Este artículo fue traducido por la periodista, María Peña.

Sponsored

Sponsored

lower waypoint
next waypoint
Player sponsored by